Condiciones ideales y una variedad única

Probablemente las primeras cepas llegaron a Argentina en 1541 con los conquistadores españoles. El primer viñedo de Argentina se estableció en la ciudad de Mendoza. En este país, los jesuitas y franciscanos advirtieron rápidamente las favorables condiciones naturales para la viticultura. Con la ola de inmigración de Europa en los años 20 del siglo XIX llegaron al país sólidos conocimientos técnicos. Viticultores del "Viejo Mundo", muchos de ellos de España, llevaron, además de su experiencia, sus propias cepas. Así, Argentina dispone en la actualidad de una variedad de cepas poco habitual para un país del "Nuevo Mundo".

Unas cepas adecuadas, un clima ideal, unos suelos minerales y pocas precipitaciones son el secreto natural y la base de la excelente calidad de los vinos argentinos. A ello hay que añadir una tecnología de última generación en el viñedo, durante la vinificación y la maduración de los vinos, todo ello combinado con conocimientos, experiencia y, sobre todo, la pasión de los enólogos argentinos.

Debido a las condiciones naturales, en Argentina el vino siempre se cultiva con métodos que se asemejan mucho al concepto de la viticultura biológica: el suelo se abona con guano y plantas verdes, y el clima seco, casi desértico, permite prescindir en gran parte del empleo de plaguicidas al no haber apenas plagas. Por este motivo las cepas argentinas son unas de las más sanas del mundo.

 

        > Regíon Vitícola De Mendoza         > Bodega Monte Real 

 

 

 

 



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